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Pobre país tan revolcado

Por: Claudia Posada

Es difícil ignorar que el país está revolcado y los ciudadanos muy perturbados.  El temor más común es la inseguridad. Nos sentimos amenazados y no sabemos bien desde dónde van a atacarnos. Mientras  haya desconfianza  e intranquilidad por diversas razones -según en qué grupo poblacional nos situamos- mirándonos desde las amenazas que nosotros mismos intuimos por la vulnerabilidad que,  individual o colectivamente, creemos se cierne sobre nosotros como un manto oscuro ondulante peligrosamente desde escenarios inquietantes, es posible cualquier sublevación ¡qué miedo! Todos aquellos quienes sintiéndose superiores en dignidad al resto de colombianos, y de alguna manera los más sabios intérpretes de cualquier rebelión, lanzan mensajes iracundos -posando de apacibles- mientras en sus zonas de confort siguen pisoteando cualquier intento  benevolente de sosegar el país.

¿Cómo quieren hacernos creer que las contradicciones que nos asombran son mera distorsión de la contraparte? ¿Dizque no hay contradicciones en sus discursos? Sacar la cara por agentes del orden envueltos en evidentes desmanes y demostrados asesinatos de indefensos; así como justificar golpizas a  inocentes ciudadanos y ocultamientos mal intencionados ¿pasa en Colombia o son aterradoras pesadillas? Un soldado que con miedo –sí, ellos también sienten miedo, temen a las reacciones  de algunos superiores y se  asustan-  comete un error, dispara confundido, y tristemente acaba con una vida. Entonces es culpado  con rigor excesivo ¡Qué incoherencias!

Como “bandido con sotana” califican al sacerdote Francisco de Roux;  es decir, su hábito, y el camuflado de aquel que recibe una medalla por un “falso positivo”, están iguales de sucios ¡por Dios! Estamos en vísperas de paros, marchas, o motines; sean como quieran que terminen siendo, son estimulados por las injusticias, arbitrariedades, exclusiones y discriminación. El lenguaje de odio, las frases hirientes lanzadas con la mordacidad   de la incompetencia para razonar, azuza, incita y provoca las  rabias que tienen revolcado el país. En las altas esferas se enfrentan, no ideológicamente; no, se pelean por más poder.

Inclusive al mismo presidente Iván Duque parece que le impiden allanar el camino transitable para un mejor gobierno; creeríamos que cuando intenta seguir sus propias inclinaciones mediadoras para el desarme de los corazones, lo frenan y empantanan. ¿Le falta malicia o le sobran rodilleras? El país está muy revolcado como para que sea manejado por quien se hizo madurar viche.

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