¿Se parece lo que ocurrió en ENRON con lo que viene pasando en EPM?

Por: Daniel Hoyos

¿Qué tiene que ver la quiebra de una de las 10 mayores empresas de Estados Unidos con la actual gestión de EPM? La compañía norteamericana ENRON llegó a convertirse en el comercializador de energía más grande del mundo, sin embargo, su reputación comenzó a caer debido a los rumores sobre el pago de sobornos y tráfico de influencias para obtener contratos en diferentes países, al tiempo que realizaban prácticas contables fraudulentas tales como “maquillar” sus pérdidas a través de empresas subsidiarias, avalados por su firma de auditores. Cuando el escándalo se hizo público la empresa entró en bancarrota, desde entonces la palabra ENRON se convirtió en sinónimo de fraude empresarial planificado.

Es curioso cómo pueden observarse coincidencias entre las causas que originaron la caída de ENRON y lo que está pasando en las Empresas Públicas de Medellín (EPM).

En 1.999 la junta de ENRON había renunciado a las reglas de conflicto de interés para permitir al Director Financiero crear diferentes asociaciones para hacer negocios con la firma, lo que llevó a ocultar detalles de deudas y pasivos de la compañía, en otras palabras, le dieron al gerente la potestad para hacer lo que quisiera con la empresa y este solamente tenía que informar sobre sus decisiones sin necesidad de consultarlas con la Junta Directiva. Algo similar ocurre en EPM cuando el alcalde Daniel Quintero pide facultades para ampliar el objeto social de la empresa e incurre en la violación expresa al gobierno corporativo al tomar decisiones sin consultar a la junta directiva, hecho que es bien sabido, llevó a que los miembros de esta renunciaran. Durante su campaña, Quintero también prometió que el gerente general de la empresa sería elegido a través de una firma cazatalentos, pero finalmente fue elegido “a dedo” presumiblemente para pagar deudas políticas.

Uno de los aspectos centrales en el caso ENRON fueron las fallas del gobierno corporativo, que como el mismo EPM lo define “es el conjunto de disposiciones, prácticas y medidas que demarcan el adecuado equilibrio entre la propiedad y la gestión de la empresa, a fin de garantizar su sostenibilidad y crecimiento, los derechos de sus inversionistas, la transparencia y ética en su actuación y el equilibrado acceso a la información para sus grupos de interés”. Aplicar los principios del Gobierno Corporativo implica pasar de una relación basada en política a una basada en reglas, todo lo contrario, a lo que está haciendo el señor Quintero.

El poder sin restricciones en manos del gerente es un problema obvio que puede dar lugar a actividad poco ética dentro de la organización y que por lo general sale a luz cuando se consolida la caída. En un análisis expost del colapso de ENRON se planteó la necesidad de reforzar la capacidad y voluntad de los directores para desafiar tratos cuestionables a través del gobierno corporativo.

Como una respuesta al fracaso corporativo de ENRON, Estados Unidos emitió la ley Sarbanes-Oxley y se publicaron los informes Higgs y Smith con directrices sobre cómo debe implementarse y gestionarse el gobierno corporativo, documentos públicos a los que se puede acceder sin gastar nuestros recursos en cursos costosos ­–como el que tomó hace pocos días el alcalde en Harvard–.

El Gobierno Corporativo no blinda contra la actividad poco ética de la alta dirección, sin embargo, al menos puede actuar como un medio para detectarla antes de que sea demasiado tarde. Si una manzana está podrida, esta no tiene cura, sin embargo, se puede eliminar antes de que la infección se propague e infecte a las demás. El gobierno corporativo garantiza el éxito empresarial y maximiza el bienestar social.

Estamos llamados a defender nuestras empresas públicas, por eso invito a todos los ciudadanos de Medellín, incluyendo a quienes votaron por Daniel Quintero para que a partir de enero de 2.021 firmemos su revocatoria y volvamos a retomar el rumbo de nuestra ciudad.

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