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Samuel Pati: Un mártir de la libertad

Por: Eduardo Mackenzie

Samuel Paty es el nombre del nuevo mártir francés por la defensa de la libertad de expresión, de conciencia y de prensa en el mundo entero.

Un asesino islamista de 18 años nacido en Moscú y de origen chetcheno, que vivía en Francia con su familia como refugiado desde 2008, con antecedentes penales por degradación de bienes públicos, decidió que ese profesor de historia-geografía, de 47 años, muy admirado por sus alumnos y colegas, no podía seguir vivo. Se emboscó al lado del colegio durante cuatro horas y a varios alumnos les exigió que le mostraran el profesor Paty. Finalmente, cuando lo vio salir solo, a las cinco de la tarde, lo atacó con un cuchillo, lo ultimó y lo degolló sobre el andén. Después, abandonó el lugar tranquilamente pero blandiendo su cuchillo y un revólver de aire comprimido. Alertada, una patrulla de la policía lo encontró doscientos metros más lejos. Al no obedecer la orden de rendirse los uniformados dispararon.

La decapitación del profesor Paty fue cometida ayer, en Conflans-Sainte-Honorine, una pacífica ciudad de 35.000 habitantes a 30 kilómetros de París.

¿Por qué? Porque el educador había cumplido con su deber: enseñarle a sus alumnos la libertad. Murió por enseñarles que en Francia la libertad de expresión existe, que el derecho a creer o no en una religión existe, que el derecho a reír de lo sagrado e incluso a blasfemar existe y hace parte de la cultura histórica de este país.

El 5 de octubre, el profesor había abordado el tema de la libertad de expresión en su clase de instrucción moral y cívica. Para no irritar a los alumnos musulmanes les había permitido que se retiraran, si querían, del salón antes de hablar y mostrar las caricaturas de Mahoma por las cuales, el 7 de enero de 2015, en París, la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo había sido masacrada a tiros por dos islamistas (1).

Sin tardar, desde el 8 de octubre, un padre de familia musulmana lanzó una “fatwa” contra el profesor Paty, la cual fue retomada por varias mezquitas y organizaciones islamistas.

Abdelhakim Sefrioui, miembro del consejo de imanes de Francia, le exigió a la directora del colegio que expulsara “inmediatamente” al profesor Samuel Paty a quien calificó de “hampón” por mostrar esas caricaturas. En un video que subió a Facebook el tipo llamó a hacer una “movilización” delante del colegio para “decir stop” a las clases del profesor. Un segundo video con más insultos y amenazas circuló en las redes. Esa agitación odiosa terminó en la decapitación de un servidor de la Educación Nacional.

La noticia del atentado desató en el país una vasta onda de emoción e indignación. Hoy hubo manifestaciones espontáneas de solidaridad con la víctima y sus colegas, en cinco o seis ciudades. Mañana habrá otra en París. Una estudiante de 15 años recordó que Samuel Paty era un profesor “agradable y normal”. “No entiendo cómo alguien pudo hacerle eso”, concluyó la adolescente.

Una visión unánime sube de todas partes: Samuel Paty murió por defender los valores de Francia, por no someterse a quienes exigen que no se enseñe la libertad de conciencia, por no obedecer a quienes predican que la sharia debe primar sobre la ley y la Constitución. Samuel Paty es otra víctima de la guerra sucia que la gangrena islamista le declaró a Occidente.

La inquietud popular es legítima. Los islamistas, casi todos salidos de una inmigración descontrolada, agreden y asesinan cuando quieren y donde quieren sin que las autoridades hayan podido frenar esa violencia. Todos los días hay agresiones, graves y menos graves, en los más variados escenarios: transportes públicos, educación nacional, hospitales y piscinas públicas, barrios, etc.

Es la primera vez que un profesor de colegio es decapitado en Francia. Ello ocurrió una semana después de que el presidente Macron hablara, por fin, de combatir el “separatismo islamista”. El problema es que los discursos no parecen ser seguidos de actos. Tras su visita al colegio del profesor eliminado, Macron dijo: “el terrorismo islamista no pasará”. Pero el terrorismo islámico ya está en Francia. El escepticismo popular es por eso grande. Todo el mundo está pendiente de ver qué medidas tomará el gobierno la semana entrante sobre lo ocurrido ayer.

Por el momento, la policía interroga a once personas del círculo familiar del criminal abatido. Descubrió que la hermana de uno de los que lanzó la fatwa contra el profesor había combatido al lado del Estado Islámico en Siria en 2014. Algunos estiman que el asesino no obró solo, que fue orientado por otros. Todo el mundo pide duras sanciones para los involucrados de alguna manera en esa nueva atrocidad. Unos piden la expulsión de la familia del asesino. La bronca es enorme contra la inercia estatal. Macron se está jugando la posibilidad de ser reelegido en 2022.

(1).- Ese día, en la sede de Charlie Hebdo, 13 personas perdieron la vida y otras 11 fueron heridas. Horas después, el mismo dúo mató otras cinco personas e hirió a once, en asaltos dados en la periferia parisina. Los terroristas fueron abatidos por las fuerzas del orden. Desde esa fecha cerca de 250 personas han sido asesinadas en Francia por el islamo-fascismo.

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