Medellín merece más

Por: Minerva

Es bueno tener un alcalde de buen humor que disfrute de los chistes y de los memes y que entienda la forma de comunicarse de una sociedad, lo que no es bueno es tener un alcalde que con infantilismos y revanchismo pretenda orientar una comunidad a trabajar unidos por un objetivo común. Ya sabemos que no le interesa la unión del pueblo que dirige; lo hizo mal y lo sigue haciendo mal.

Esto es comparable a una maestra de jóvenes que aunque tenga buen humor y disfrute de algunos comentarios, siempre y cuando esa actitud no sirva para estimular el matoneo hacia algún alumno o no esté hiriendo la susceptibilidad de alguien,  pretenda igualarse y rebajarse al nivel de sus alumnos para hacer sus mismas o peores bromas que le anulen la ventaja intelectual, el ejemplo, el nivel necesario para ser una autoridad seria que permita la correcta formación de sus alumnos para un desarrollo óptimo de su personalidad, sin cargarse sobre otro ser humano poniéndolo en ventaja o desventaja frente a diversas situaciones y para no dar pie a fragmentar la unidad en su clase.

De esta forma un alcalde que desde su discurso divida, que intente mostrar que somos dos bandos y que abusa de su poder para tomar ventaja con sus políticas y decisiones, muestra lo mezquino e inmaduro, muestra el gran error que cometió la comunidad que confió en ese personaje para dirigir una ciudad como Medellín.

Ese lenguaje mal intencionado de “ustedes vs. nosotros” no sólo es confrontacional, retador, desafiante, ofensivo para un dirigente, también es poco inteligente y habla de sus calidades humanas y de gerente mediocre sin la debida formación para semejante cargo, da cuentas de lo “biche”, de lo crudo, de lo mal preparado que se encuentra para pretender aportarle algo bueno a una ciudad para desde ahí construir país.

Un alcalde cuyo oscuro corazón y sesgo ideológico, no le ha permitido tomar las decisiones acertadas porque le falta bondad y sabiduría y le sobra soberbia a la hora de dirigir, tomar desiciones y lo más grave es que también lo evidencia al momento de expresar sus ideas  por un medio de comunicación como lo es Twitter, espacio que el “emperadorcito” decidió sería una de sus trincheras para disparar al enemigo, y el decidió que su enemigo es la misma comunidad que gobierna.

Desde esta trinchera lanza dardos, balas y cañones sistemática e indiscriminadamente olvidando su posición y el juramento que se hace para servir a la ciudadanía desde este cargo. Un alcalde que no respeta a su gente no inspira el debido respeto y se aleja cada vez más de la posibilidad de despertar admiración; llegó a un punto de no retorno al que lo llevaron sus malas conductas y la ciudadanía se cansó, los que le apostaron a su proyecto político igualmente se cansaron y públicamente manifiestan que se equivocaron con este personaje, que lamentan la equivocación.

Los que se equivocaron recomendando y los que en algún momento confiaron en su discurso de emprendedor, de dirigente capaz de aportar soluciones y que hoy están desencantados, preocupados al ver a un inexperto y falto de preparación dirigiendo una ciudad como Medellín, cada día suman voces al descontento ciudadano que hace ya demasiado ruido para que un dirigente pueda gobernar con claridad y tranquilidad, por esto es que su nerviosismo es más que evidente y lo sigue impulsando a cometer errores, desaciertos que cada día le pasan factura en redes sociales por ejemplo, que antes fue un territorio de apoyo a su gobierno y que ahora se convirtió en terreno hostil para el mandatario, personaje que la ciudadanía tilda de “enemigo de la ciudad”.

Deja claramente ver el idéntico sesgo y negativo perfil de sus patrocinadores y de aquellos para los que trabajó ya sea en la presidencia o personajes a los que apoyó a dicho cargo de elección popular, sin nada distinto que aportarle a esta difícil coyuntura social; lejos de ser un aire nuevo es un aire viciado de lo mismo que infectó a nuestra sociedad y que requiere de limpieza para quitar hasta la última partícula de aire contaminado, para tener la atmósfera propicia para el bienestar de todos los que compartimos este espacio y respiramos de este ambiente.

La ciudadanía se cansó de este nivel de toxicidad que viene envenenando las mentes, viciando los procesos, dejando ver las manchas negras de corrupción y clientelismo, de favoritismo familiar y personal sin importar la justificación o validez de un cargo burocrático ya establecido o creado sólo para pagar favores o extender su poderío, la gente se cansó del golpe sistemático y abuso a la confianza depositada en cada voto que ha sido defraudada en cada decisión tomada pensando en un beneficio personal y familiar sin importar el difícil momento económico que se vive en este municipio. No sobra recordar la cantidad de suicidios, cifras que aumentaron durante el confinamiento a mediados del año 2020 en medio de la desesperanza de un futuro incierto, de quiebras económicas para los que la administración municipal no sólo fue ineficiente, sino que ha sido duramente cuestionada por las inoportunas ayudas y por la calidad y cantidad de los aportes de parte de la alcaldía que diversos sectores debieron recibir y a los que muchas personas denuncian que no les llegó o que recibieron ayudas tan solo para un par de días.

Todo este ruido ciudadano en medio de esta coyuntura de salud pública, que acrecienta las problemáticas económicas, sociales, laborales, comerciales y familiares tan afectadas durante esta pandemia, han hecho que la ciudadanía reconozca que siendo mal administrada se llegará a un punto insostenible, un punto de quiebre que requiere la salida de un mal mandatario a quien no se le puede dar más tiempo de seguirla embarrando, porque cada embarrada le cuesta mucho a un pueblo cuyos sectores vienen económica y moralmente heridos de muerte; no necesitan a un indolente y desproporcionado dirigente que continúe afectando a la comunidad que gobierna para hacer más profundas las heridas, para seguir abriendo y marcando las brechas sociales, para acrecentar los problemas, simplemente la ciudad requiere un dirigente que inspire confianza y respeto, rectitud y buen juicio, coherencia y buen corazón, todo aquello que Daniel Quintero ha demostrado no tener o tener en mal estado.

Simplemente Medellín merece más… merece más esfuerzos, más amor, más compromiso y más coherencia a la hora de ser gobernada, requiere de una sana y positiva visión y proyección a futuro para la cual hay que trabajar unidos, pero por ese camino no vamos con este alcalde y ya no se logrará bajo su mandato. Necesitamos un verdadero aire nuevo y una atmósfera de esperanza.

Medellín merece más..

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