Lo público es de todos

Por: Jorge Melguizo

La institucionalidad de Medellín está en grave riesgo: Daniel Quintero, el alcalde que gobierna desde el 1 de enero de 2020 y quien ganó con la más alta votación en la historia de nuestra ciudad, es la cabeza visible de una alianza de políticos tradicionales de varias tendencias partidistas, la mayoría de derecha, que han asumido el manejo de la ciudad con las intenciones más que evidentes de hacerse no solo con el poder político sino, también, con el poder económico que les permita avanzar en la cooptación del Estado para favorecer intereses privados. Lo público como un negocio privado. Muy distante de lo público para la construcción de lo colectivo.

La confianza en las instituciones, el fortalecimiento de todo lo público, el afianzamiento de la ciudadanía, la consolidación de las alianzas público – privadas – comunitarias y la generación de procesos sociales y urbanos de mediano y largo plazo, con estrategias de intervención integral en los territorios con mayores violencias, mayores pobrezas y mayores densidades poblacionales, han sido características de Medellín durante los últimos 30 años, solo interrumpidas gravemente durante 3 años: 2001, 2002 y 2003. En esos años fue alcalde Luis Pérez Gutiérrez, quien hoy es, no por casualidad, quien maneja los hilos de la Alcaldía de Medellín.

La megalomanía de Luis Pérez es, también, la de Daniel Quintero. La mitomanía de Luis Pérez es, también, la de Daniel Quintero. La construcción de gobernabilidad mediante favores burocráticos y contrataciones directas de Luis Pérez es, también, la de Daniel Quintero, quien suma nepotismo mediante la contratación de familiares directos e indirectos. Rodearse de áulicos, aunque pareciera ser una constante en la mayoría de gobernantes, ha sido una de las marcas de Luis Pérez y es, también, marca de Daniel Quintero. Destruir procesos de años, públicos, privados y comunitarios, ha sido una forma de actuar de Luis Pérez y hoy lo es, también, de Daniel Quintero. Hablar más que hacer, característica de Luis Pérez y, en este primer año de Daniel Quintero como alcalde, característica suya también. Romper la confianza en lo público ha sido sello de Luis Pérez en sus años de gobierno y hoy, también, Daniel Quintero rompe la confianza de una parte de la ciudadanía en la institucionalidad pública de Medellín, con sus actuaciones y con sus formas. Actuar en las sombras define a Luis Pérez. Actuar en las sombras está definiendo, también, a Daniel Quintero. Pero los diferencia algo: Luis Pérez es de ideas propias y su forma de gobernar es muy suya. En cambio, las ideas y la forma de gobernar de Daniel Quintero son de otros, de los que están detrás y delante y al lado de él, de quienes lo ayudaron a hacer una elección para alcalde y con quienes comparte intereses privados y públicos: Luis Pérez, claro. Pero también César Gaviria y su hijo, Simón Gaviria. Germán Vargas Lleras. Gabriel Jaime Rico. Juan Diego Gómez. Iván Agudelo. Carlos Andrés Trujillo. Liberales y conservadores, de varias líneas. Todos ellos, de derecha. Es hábil Daniel Quintero en el manejo de la política local (digo política, pero me refiero a la politiquería): tiene en su gabinete a personas del Centro Democrático (más a la derecha de la derecha), que responden al concejal Albert Corredor (habría que buscar las fuentes de financiación de la campaña para encontrar las razones). Tiene en su gabinete a personas (bueno, una…) de Colombia Humana, que responde al senador Gustavo Petro (de izquierda).

Daniel Quintero, en su campaña de varios años para ser alcalde de Medellín, se mostró como un hombre alternativo, progresista. Incluso, engañó y sigue engañando a muchos los progresistas de acá y de Bogotá, que aún lo ven y lo defienden como una persona que se enfrenta a los poderes antioqueños, económicos y políticos.

Es muy hábil Daniel Quintero, y es muy hábil también su esposa, Diana Osorio, quien maneja muchos de los hilos internos de la alcaldía y quien tiene varios de sus familiares en cargos directivos. Tienen esa viveza que linda con la trampa, con la habilidad para el engaño, con la astucia para avanzar no solo en los límites legales sino, también, en los límites éticos. Engañaron al elector y ese engaño llegó hasta la fabricación de fotos familiares falsas. Contaron en la construcción del engaño público con la ayuda de periodistas como Yamid Amat, especialista en ese tipo de acciones.

Desde el 4 de enero de 2021, muchos directivos de la alcaldía de Medellín están en redes sociales defendiendo a su jefe, Daniel Quintero, pues un grupo de ciudadanos empezó formalmente un proceso de revocatoria de su mandato. Algunos integrantes del Centro Democrático, como la senadora Paola Holguín (socia del anterior alcalde, Federico Gutiérrez), impulsan esa revocatoria. Están en su derecho, la Constitución los respalda. Pero no creo que ese sea el camino ni creo que vayan a triunfar. Por el contrario, creo que a la personalidad de Daniel Quintero y a quienes están con él en su proyecto público – privado, les viene de maravilla ese intento de revocatoria pues los fortalecerá políticamente y les permitirá seguir desviando la atención de la ciudadanía hacia lo superfluo, hacia lo insustancial.

Y cierro: lo grave es que, a pesar del descontento de muchas personas en Medellín con la gestión del alcalde, no se ven tampoco iniciativas serias que permitan contrarrestar hoy el poder que tiene Daniel Quintero, por su cargo y por el presupuesto público que maneja. Ni en el sector empresarial, ni en las universidades, ni en las ONG, ni en las organizaciones comunitarias, ni en los medios de comunicación locales (el medio de comunicación que parece hoy tener mayores seguidores en Medellín y Antioquia es Minuto 30, y Luis Pérez es uno de sus socios), ni en eso que llamamos “opinión pública” parece haber hoy voces y fuerzas para enfrentarse a lo que estamos viviendo en esa avanzada de la cooptación de lo público para intereses privados. Nos estamos quedando (me incluyo) en notas de WhatsApp, en conversaciones entre amigos y en artículos como este.

Podríamos pensar que esta situación atípica en la que nos pone la pandemia ayuda a esa situación de anomalía ciudadana para defender lo público. Pero eso es solo una pequeña parte de la explicación. Hay acomodos (para muchas organizaciones y personas, pelear con el alcalde -que no con la alcaldía- es perder su principal fuente de ingresos), hay temores, hay pereza de estas vainas de la política, hay conformismo. Y hay, también, un enorme desconocimiento de la importancia de asumir lo público como una construcción colectiva. Lo público es de todos. No solo de Daniel Quintero. Ni de Luis Pérez. Ni de algunos criminales que están felices con todo esto.

Una esperanza: que la institucionalidad misma resista este embate, este grave riesgo. Que internamente en la alcaldía haya contención legal y ética por parte de los miles de funcionarios honestos que son leales a la institucionalidad y no al político de turno, y que algunos directivos cercanos al alcalde le digan a él y a otras personas del gabinete lo que realmente están pensando y sintiendo, y lo hagan con voz propia (aunque ya a varios directivos les ha costado su retiro el hecho simple de hablarle al alcalde con su voz propia…).

Nos quedan 3 años de Daniel Quintero como alcalde y él lo tiene claro: llegó a ese cargo no para fortalecer y mejorar a Medellín, sino para fortalecerse él y los suyos. Nuestra responsabilidad, la de ciudadanos, es lograr construir muchos caminos éticos y civiles, colectivos, que nos permitan demostrar que esta ciudad es superior a criminales y politiqueros de toda laya.

Comparte este contenido: