Lo positivo de la Pandemia

Por: Juan Manuel Jaramillo

Hace poco leí un trino de un reconocido periodista en el que más o menos decía que cómo alguien podía decir que el 2020 había sido un buen año, sabiendo la cantidad de muertos que ha dejado el COVID en todo el mundo y la cantidad de negocios arruinados y personas desempleadas. Si bien lo que dice es cierto, después de hacer un análisis del año que estamos por cerrar, yo podría decir que cierro un año maravilloso y les quiero contar por qué.

Hace 10 años soy empresario y, si bien mi empresa no es la más grande, he tenido la fortuna de tener un trabajo estable en todo este tiempo y además generar empleo para cerca de 50 personas. Obviamente no ha sido para nada fácil, ha sido una larga historia de obstáculos por vencer e inconvenientes que no faltarán nunca en cualquier negocio.

He trabajado largas jornadas para mantener mi empresa y nunca la he visto como una empresa muy rentable, es más, pienso que tengo una empresa donde el trabajo es mucho, la responsabilidad es todavía mayor y las utilidades son muy pocas. Basado en eso, el año pasado realicé un análisis crítico del negocio que me llevó a formular una pequeña reestructuración para poder mejorar su desempeño y desde el 02 de enero del 2020 se hicieron los cambios y la verdad es que la respuesta fue sorprendente. Los resultados de Enero, Febrero y Marzo fueron bastante positivos y se proyectaba un año con una cara bastante diferente a todos los anteriores, sin embargo llegó la pandemia.

Nuestras ventas cayeron un 40% y la cartera por cobrar se duplicó en cuestión de un mes, pues los clientes dejaron de pagar y la incertidumbre se apoderó de todos. Nadie sabía que podíamos esperar de una pandemia y pareció como que el mundo se paralizó. Sin embargo, como el foco de nuestro negocio son los alimentos, no nos vimos forzados a parar, pero tampoco era una situación muy cómoda.

Si ustedes retroceden y hacen memoria de los meses de Marzo y Abril, todas las personas se encerraron en sus casas con una incertidumbre tremenda, incluso cercana al pánico, mientras nosotros debíamos seguir trabajando para mantener abastecimiento de alimentos en la ciudad, realmente daba miedo salir a la calle e ir a la oficina, pues se suponía que nos encontrábamos más expuestos que todos aquellos que se quedaban en sus casas, pero había que hacerlo, era una bendición porque no había que frenar el negocio, pero a la vez requería coraje salir de la casa y someterse a un ambiente hostil dónde sabíamos que el virus estaba ahí presente en cada cosa que hiciéramos y teníamos que tener una cautela extrema. “No te da mucho miedo salir?” “Cuídate” Eran las recomendaciones recurrentes de las personas con las que hablaba.

A pesar de eso una de las cosas que más me alegró fue no tener que despedir a ninguno de mis colaboradores, pues sabía que mucha gente no contaba con la misma suerte y estaban cerca de perder sus negocios y sus empleos.

Entonces empezó la acción!. Todos sabíamos que la gente más pobre iba a pasar grandes necesidades así que nos pusimos en la tarea de hacer una recolecta de dinero para comprar mercados y repartirlos a las familias más vulnerables. “Dedocráticamente” fui designado en twitter como la persona responsable de recolectar el dinero y realizar la compra y entrega de los mercados, y así se hizo. Una satisfacción tremenda saber que habíamos logrado poner un granito de arena para la situación que se vivía.

Entonces siguieron las sorpresas, sucedió el episodio de la chica domiciliaria que me llegó tarde con la comida y a la que le terminamos regalando una bicicleta, que muy amablemente nos donaron, ya que la suya se la habían robado y pues cómo íbamos a dejar que se quedara sin esa herramienta de trabajo en plena pandemia. Ni riesgos!

Luego, por cosas del destino, le dieron mi contacto al abogado Abelardo de La Espriella, quien muy generosamente realizó una gran labor social en todo el país, comprando alimentos a los campesinos que estaban teniendo problemas para vender sus productos y entregando paquetes de alimentos a las personas más necesitadas. Me encargaron la coordinación de la “Cosecha solidaria Antioquia” dónde presté mis instalaciones, personal y transporte para sacar adelante este proyecto. Se sumaron además personas voluntarias que muy amablemente se acercaron para ayudarnos con la mano de obra, pues seleccionar y empacar cerca de 50 toneladas de alimentos no era una labor fácil, pero con la ayuda de todos sacamos eso adelante en una semana, entregando más de 1.300 mercados en la ciudad de Medellín, toda una experiencia maravillosa!

Vendrían también por esos días las campañas de #YoInfluyoPositivo, a las que también les dediqué una columna, donde la idea era impulsar los negocios de las personas que, habiéndose quedado sin trabajo, iniciaban emprendimientos para rebuscarse la vida. Una idea genial de unas amigas de gran corazón que hasta el día de hoy siguen impulsando esa campaña y logrando unos resultados bastante satisfactorios, allí seguimos participando y aportando y ha sido también una muy grata experiencia.

Paralelo a esto, y por medio de una persona espectacular, llegó a mi la información que una empresa en Tumaco se encontraba en apuros, próxima a frenar su operación pues no tenían a quien venderle el producto terminado. Su mano de obra son mujeres cabezas de familia desplazadas por la violencia y de verdad me conmovió la situación, así que nos pusimos manos a la obra con una campaña en Twitter para ofrecer sus productos, con tan buena suerte que tuvo una amplísima difusión y se acercaron periodistas que ayudaron aún más a divulgar la información. Aparecieron clientes de todo el país y por mi parte ofrecí mis instalaciones y servicios para traer el producto y abrirle mercado en mi ciudad. No fui el salvador de esa empresa, pero de algo debió haber servido la bulla que se le hizo porque no tuvieron que parar, y por mi parte, continúo en la labor de abrirles mercado y tenemos aún una relación comercial que se convirtió para mi en un nuevo negocio.

Como no solo nos llegó el COVID sino también crisis política en la ciudad (y en el país), entonces se empezaron a formar movimientos de ciudadanos y empresarios que quieren actuar para evitar que Medellín y Colombia caigan en las garras del populismo, no me pregunten como, porque creo que no lo se, pero terminé muy metido en el centro de varios movimientos en los que he conocido gente espectacular y brillante, además de importantes empresarios de los que he aprendido y espero seguir aprendiendo por mucho más tiempo.

Uno de esos movimientos es Salvemos Colombia y en ese movimiento iniciamos unos conversatorios bastante interesantes para escuchar la opinión de diferentes personas respecto a la actualidad y el futuro del país. Nuevamente “dedocráticamente” quedé como panelista de los conversatorios y gracias a eso he sido de los privilegiados que ha tenido la oportunidad de entrevistar a grandes personalidades de Colombia, como lo son (en el orden en que hicimos los conversatorios):

Alfredo Ramos, Nicolás Mejía, Abelardo de La Espriella, Miguel Gómez Martínez, Jorge Cárdenas, Pedro Miguel Estrada, Juan David Valderrama, Paloma Valencia, Álvaro Uribe, Jorge Ospina, Carlos Peña y Andrés Isaza

Yo preparé los conversatorios, así que tengo esa satisfacción de no ser el televidente esperando a ver que preguntas hará el entrevistador, sino de hacer las preguntas que a mi me parecían pertinentes, además de las opiniones que quería saber de cada uno de los entrevistados, imagínense todo lo que se puede aprender escuchando de primera mano a estas personas y además respondiendo mis propias inquietudes.

No me quiero extender mucho, pero faltan cosas por contar, con algunas personas de los grupos creé fuertes lazos de amistad, dediqué mucho tiempo en pandemia a mis hobbies y a la lectura, conocí gente espectacular, creamos La Bodeguita donde tenemos un espacio bastante divertido y de aprendizaje también, por ahí tuve la oportunidad de ser panelista también cuando invitamos a “Piter Albeiro” otra persona de la que hay mucho por aprender en tenacidad y perseverancia.

En fin. Se que mucha gente ha tenido pérdidas lamentables por causa del virus, se que muchos están desesperados porque perdieron lo que tenían, sus viviendas, sus empresas, sus trabajos y realmente lo lamento, pero para mi el 2020 quedará como un año inolvidable, pese a la incertidumbre, el miedo y las dificultades, lo disfruté enormemente y no lo borraría por nada del mundo ni de mi vida ni de mi memoria, lo volvería a vivir tal cual.

El negocio… no va bien, cerramos un año casi sin utilidades, eso genera nuevos desafíos para el año entrante y por eso mismo estoy trabajando hace un par de meses desarrollando otros modelos de negocio, en conclusión, fue un año en el que no se ganó dinero, pero ¿quién dijo que un buen año se medía solo en utilidades económicas?

Valoremos la salud, la familia y las amistades, eso si tiene todo el valor.

Les deseo un muy próspero 2021 y recuerden que mientras unos lloran otros venden pañuelos, como titulé una columna anterior “manos a la obra”

 

Juan M.

 

Comparte este contenido: