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Lina Moreno de Uribe y Juanes, nos permiten renovar la fe en Colombia

Por Claudia Posada

Doña Lina Moreno de Uribe, con la compostura y discreción que la han caracterizado desde siempre, en su comunicado con respecto a la determinación de la Corte en lo referente a la situación jurídica que enfrenta su esposo el exmandatario Álvaro Uribe Vélez, hace evidente que  la mesura  y la sensatez son las mejores amigas del sano juicio. Al puntualizar aspectos que describe sabiamente en cada párrafo, como cuando señala que, “Mientras tanto nosotros, su familia más cercana, hemos guardado silencio. Necesitábamos atravesar el dolor para encontrar en él la prudencia y el pudor que tal vez, sólo tal vez, sirvan para renovar un lenguaje desgastado por el rencor y los fanatismos políticos”; no hay duda de su dulcifico estilo de vida de cara a todo tipo de circunstancias, hasta la más difíciles.

A pesar de su dolor, la señora de Uribe Vélez plasmó en su comunicación,  con entereza  admirable,  puntos de referencia que desde el humanismo y el equilibrio conceptual, dan cuenta, entre otros, de una realidad ya inocultable: “La ausencia de un sentido espiritual que guíe los destinos del país y de todos nosotros –como individuos que hemos de cumplir con ambos destinos– ha venido resolviéndose por décadas en una narrativa del odio que ya alcanza a las nuevas generaciones”. En otro párrafo dice también: “Los magistrados no son solo magistrados. También son seres humanos que piensan, actúan, hablan, sueñan y, como no puede ser de otra manera, reciben las influencias de su entorno. Y es esta doble naturaleza la que se pone en juego cuando de la ley se trata, pues esta es antes que nada lenguaje, es decir interpretación”. ¡Cuánta probidad en momentos de pesadumbre!

Gran lección. En la totalidad de su comunicado a la opinión pública, doña Lina pone de presente cómo los seres humanos tenemos debilidades que sin duda pueden afectar decisiones trascendentales;  pero esa realidad la expone con señorío. En cambio,  los apasionamientos exacerbados, en una y otra orilla, que surgieron recién conocida la orden proferida por la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia, nada bueno aportan a las crisis que consumen a los ciudadanos y consecuentemente desestabilizan la sociedad; y mucho menos favorecen este caso en particular.

Por estos días, Juanes, el cantante y músico que nació hace 48 años en Carolina del Príncipe, bello municipio antioqueño, justamente por su cumpleaños fue objeto de programas especiales bien merecidos. Juanes es descomplicado, cálido, de carisma y alegría fascinantes. En alguno de esos espacios radiales, Juanes habla de su principal inspiración para componer sus canciones: El amor. Amor a Colombia, amor por la familia, amor a los seres inofensivos, amor a las instituciones, a los soldados y a los niños. Sin duda, amor, rectitud y sensibilidad, se conjugan cuando doña Lina Moreno menciona la ausencia de un sentido espiritual que se contrapone a la narrativa del odio, y retoma estas frases de Thomas Mann en la renombrada novela La Montaña Mágica: “De esta fiesta universal de la muerte, del terrible fuego febril que enciende el cielo vespertino y lluvioso a nuestro alrededor, ¿surgirá algún día el amor?”. Y entonces ella agrega: “…Las circunstancias y las condiciones de nuestro país son otras, pero la pregunta es absolutamente necesaria” (¿surgirá algún día el amor?).

Es  esta la coincidencia con Juanes: Cuando doña Lina y el cantante,  dos antioqueños -desde tan distintos escenarios en donde los puso la vida- se refugian en el ideal del amor, y filosóficamente  sueñan con el surgimiento de este supremo sentimiento inspirador  para conseguir un país mejor, nos permiten renovar la fe en Colombia.

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