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La carta de Timochenko a Álvaro Leyva por muerte de Álvaro Gómez. No todos le creen al jefe guerrillero desmovilizado

No habían pasado 24 horas de la propuesta hecha por el exministro y exconsejero, Álvaro Leyva Durán, en el que  propuso crear el Movimiento Nacional por la Verdad, como herramienta que logre aportar al esclarecimiento de la verdad, tras la dudosa declaración hecha por la cúpula de la guerrilla de las FARC, ahora desmovilizadas y en el congreso, con la que pretenden que el tema del magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado, cambie de jurisdicción investigativa a la Justicia Especial para la Paz, JEP; cuando ya Rodrigo Londoño Echeverri, Alias Timochenko, le estaba enviando una sentida carta que, para una gran parte del país político, no es sincera ni tiene sentido.

Leyva Durán proponía ayer que “el esclarecimiento de la verdad sobre los hechos del conflicto, por difíciles e incómodos que sean, son un elemento necesario para la construcción de la paz y la reconciliación (…) ahora, es obligación de todos construir un gran Movimiento Nacional por la Verdad. Este camino puede ser tortuoso y triste, pero hay que transitarlo. Además, abre la trocha que nos habrá de conducir a la paz integral, definitiva, con la que tantos repetidamente hemos soñado”. Estas palabras fueron expresadas a los medios de comunicación al lanzar su propuesta.

Leyva quien ha sido uno de los más reconocidos en el país por sus esfuerzos para buscar procesos de paz, siendo además, negociador de varias de mesas con los grupos guerrilleros y en diferentes gobiernos, proviene de las ideas políticas conservadoras, la misma filiación de Álvaro Gómez Hurtado, perteneciendo al Partido Conservador. Por eso es que su propuesta tomó importancia y eco en los medios de comunicación  .

Su propuesta tuvo un sentir que expresó así: “Que no quepa duda. Llegó la hora de la verdad. Llegó la hora de que la expongan todos los que participaron directa o indirectamente en el conflicto armado nacional durante lustros tras lustros: alzados en armas, fuerza pública, servidores del Estado, AUC’s, otros paramilitares y civiles. Fue, precisamente, lo que pretendí señalar en carta dirigida el pasado 19 de agosto a Rodrigo Londoño Echeverri (antes Timoleón Jiménez, Farc), a Salvatore Mancuso y a otros integrantes de las AUC”, sostuvo.

En respuesta a su llamado, Timochenko le envió una carta en que comienza con un párrafo que da luces del tono dudoso con el que fue recibido por la opinión pública: Leí sinceramente conmovido su comunicado POR UN MOVIMIENTO NACIONAL POR LA VERDAD publicado en la mañana del día 5. Luchando con el nudo en la garganta que me han producido sus palabras, intentaré formular una respuesta nacida también de las profundidades del corazón; dice Timochenko.

Luego de ensalzar a Leyva prosigue diciendo que “debo confesarle que logró hacerme estremecer con la descripción de su llanto adolorido ante el cadáver del doctor Álvaro Gómez Hurtado. De inmediato comprendí el tamaño de su lealtad hacia el líder asesinado, así como el sufrimiento ocasionado a personas como usted, a la familia del gran político y a buena parte del país nacional. Cuánto duele la muerte de quien se quiere y admira.”

La carta avanza  volviendo a ensalzar a Leyva, reconociéndole los méritos por haberse sobrepuesto al dolor, mientras que se hacen elevar al mismo nivel, bandidos y ciudadanos de bien, diciendo que al igual que Leyva, ellos también lucharon todos estos años por la paz. A renglón seguido confirman ser los asesinos de Álvaro Gómez Hurtado, diciendo textualmente que “Efectivamente, fuimos las FARC-EP las únicas responsables del execrable hecho de haber privado de su vida al doctor Álvaro Gómez Hurtado. Y la Jurisdicción Especial para la Paz, así como la Comisión de la Verdad, recibirán de nosotros los elementos que pueden acreditarlo.”

Es así, como luego justifica la guerra, señalando que se produce cuando la política se torna violenta, para luego narrar su experiencia cuando ingresó a la guerrilla a los 17 años bajo la visión de la “tenaza Lopez Gómez” haciendo referencia al enfrentamiento en las urnas por el favor del pueblo en elecciones y el gran paro cívico del 14 de septiembre de 1977. Así, Timochenko introduce otra justificación, para decir que “Desde niño escuché hablar de la violencia liberal conservadora de los años 50 y del papel desempeñado en ella por el doctor Laureano y su hijo. En las FARC este último político aparecía como el senador que había incendiado el Congreso de la República, clamando por el exterminio de las llamadas repúblicas independientes. No resultaba difícil alimentar ideas y sentimientos negativos hacia él. Es el grave peligro del sectarismo en política.”

Es así como se llega a lo que podría calificarse como el punto máximo de la carta, en la que subraya que “hoy los antiguos guerrilleros de las FARC vemos cuán equivocados estuvimos, cuánto contribuimos al infierno en que se convirtió nuestra querida Colombia. Por eso condenamos de manera enfática cualquier acción violenta, sean cuales sean sus autores.”

Pero tal arrepentimiento de hoy, se desdibuja cuando en el párrafo siguiente, Timochenko atribuye a la confusión en tiempos de Ernesto Samper y todo el escándalo que llama “del elefante”, para decir que por esa razón se negaron a negociar y que justo estaban inmersos en el momento de mayor “salvajismo paramilitar”, justificando que estos episodios los cegaron al Estado por lo que no quisieron investigar la verdad sobre el asesinato de Gómez Hurtado. Explica que tales enfrentamientos y reproches desde y hacia el Estado, los llevaron a callar la verdad, a la espera que su objetivo de ver vuelto “añicos” al Estado, se fuera dando por naturaleza propia en medio de la situación que se vivía.

Procede el guerrillero desmovilizado a decir que piden doble perdón “por ser los responsables de la muerte del político que tanta devoción le despertó en la vida, y por ese silencio de lustros que, pese a la confianza que siempre nos demostró usted, mantuvimos durante tanto tiempo, primero por conveniencia y finalmente por una paralizante vergüenza. Es el mismo perdón que le pedimos a la familia Gómez, al partido conservador, al país, a toda la gente de buena voluntad que pueda haberse sentido lesionada por nuestra conducta”.

Insiste en que “somos los únicos responsables de su muerte, por favor, que dejen de buscar el ahogado aguas arriba”. y remata diciendo: “Doctor Leyva, tiene usted toda la razón, El Acuerdo Final de Paz es la puerta abierta a la Colombia que merecen las próximas generaciones”.

La carta, tiene importante valor literario, pero para un gran sector de la opinión, no es mas que una página más en la construcción de una narrativa que pretende llevar el crimen de Gómez Hurtado a la impunidad total, asumiendo una culpa colectiva cuyos responsables directos, están muertos, por lo que nadie pagará cárcel ni habrá reparación. Solo asumir un hecho y unas disculpas, que limpian la cara de los principales sospechosos de cometer el magnicidio, el expresidente Ernesto Samper, su vicepresidente Humberto de la Calle y su escudero Horacio Serpa; todos grandes amigos de secretariado de las Farc ahora en el congreso.

Esta es la carta de Timochenko a Álvaro Leyva:

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