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Esta guerra no es conmigo

Por Claudia Posada

Estamos acostumbrados a que los gabinetes de las administraciones locales y regionales (también los ministeriales) estén compuestos por cuotas políticas, incluyan amigos, amigas y parentela. Por eso tampoco extrañamos que cuando hay “crisis” de gabinete, ésta consiste en que rotan a los más afortunados, pero a los “indisciplinados” los sacan para “ajustar” las cuotas que tienen a los partidos disgustados con el mandatario porque no les ha cumplido. Así entonces el que manejaba en principio, por ejemplo, Educación, voltea para Infraestructura, la del Medio Ambiente pasa a Equidad de Género, Salud acepta Educación y así por el estilo enroques similares.  Y no les da pena.

Cuando se exhibe la trayectoria de éste o aquel funcionario nombrado en un alto cargo, generalmente se trata de enumerar los puestos burocráticos que ha tenido, la variedad es impresionante y la especificidad del conocimiento poca o ninguna. Últimamente se pusieron de moda los jóvenes técnicos, de la noche a la mañana estos profesionales entran a manejar lo público y claro, se estrellan; es lógico, no subieron escalón por escalón para coger cancha y enriquecer la preparación académica con la práctica en el terreno.

Afortunadamente no siempre es así, para el caso de la nueva Secretaría de No Violencia, recientemente creada en la Administración Municipal de Medellín, un desconocido en el nada apacible mundo de los políticos que se mueven al interior de los partidos, de todos los colores y matices, irrumpió con méritos muy especificos. Desde sus vivencias barriales observó los conflictos –su entorno no era la excepción en la capital antioqueña, sectores semejantes se poblaron y crecieron entre todo tipo de violencias- pero él, firme, creció con principios cristianos y valores morales. Juan Carlos Upeguí se hizo Filosofo de la Universidad Nacional y hoy es el primer Secretario  de No Violencia.

Desde hace doce o catorce años atrás, Upeguí empezó a darle forma y concretar el sueño de crear salidas pacificas para la resolución de conflictos. Desde luego era imperativo mostrarse, la mera y recia convicción no era suficiente, había que sembrar expectativas en torno a ese objetivo, fue así como nació el Movimiento del Tomate con la figura visible en aquel momento fue  hoy es el alcalde de Medellín, Daniel Quintero. Fueron vecinos, son amigos, ahora los une además el propósito común de  construir la agenda pedagógica enmarcada  en los Acuerdos de Paz y con  esta consigna: “Todas las Vidas son Sagradas”.

La Construcción de Paz Territorial en un deseo muy ambicioso; no es suficiente la voluntad porque los conflictos y la violencia tienen raíces diversas y muy complejas en Colombia; Medellín en particular es cosa seria, tenemos una especie de menjurje siniestro que cada día recibe más insumos nefastos.  Las teorías de Harvard para la resolución pacífica de conflictos, sin duda, tiene la guía por excelencia para el manejo de situaciones propias de este asunto y sus generalidades, pero es que la capital antioqueña y su área metropolitana vienen, desde las épocas aciagas del narcotráfico criollo, creciendo en número de bandas, azarosas modalidades para dominar territorios, y funestos componentes que quedan estrechos en modelos universales.

Victimas de lo anterior, arrastrando con dolor o tal vez con rabia su cruel vivencia, son  objeto del trabajo que está planeando el Secretario Juan Carlos Upegui, al igual que contempla intervenir con su proceso para la No Violencia en los sectores  y grupos que requieren, sin más demora, lo esencial de su gestión: La Prevención. Qué importante fijarse el desafío de arrebatarle a los malvados las vidas que hoy,  afectadas por carencias, sin Educación, faltos de oportunidades distintas a enrolarse con bandas delincuenciales, y no pocas veces con sueños de grandeza económica consolidada en el uso ilegal de armas  y la delincuencia  -porque es lo único que ven a su alrededor-  sean miradas con prioridad para la agenda de trabajo de un funcionario al servicio de la paz. Pero ¿cómo? “Con humildad y determinación”, así lo plantea Juan Carlos Upegui,  apostándole a la  transformación cultural viable, partiendo de la motivación que creció con él en aquel entorno barrial. Lo que sigue será fortalecer su empeño en la construcción del mapa de la violencia en Medellín que está en proceso y una buena planeación ya en camino.

¿Prevención?  Y de nuevo ¿Cómo? A través de la pedagogía que se apoya en herramientas tales como el arte y los espacios de formación; retos que van a echar mano de las Tecnologías de la Información y  la Inteligencia Artificial. El  propósito de un activista de siempre  por la paz, como el filósofo Juan Carlos Upegui, que cree firmemente tener en su ADN el pacifismo requerido para aportar a la superación de los conflictos colombianos, y de manera particular para sembrar con entusiasmo semillas de prevención en la No Violencia, se sale del paradigma  del burócrata que dice “esta guerra no es conmigo”.

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