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Especulaciones con relación a EPM son intolerables

Por: Claudia Posada

Mientras no haya ni la más mínima intención de romper la polarización en  Colombia, será imposible recobrar la esperanza de dejarle a las generaciones venideras el sosiego social y político  que permite proyectar el país hacia la equidad, confianza, y desarrollo económico que caracterizan a todo Estado idealmente democrático. Y no se trata de creer que tenemos las culturas de Noruega o Suiza, lo que  sucede es que vamos en contravía de cualquier camino hacia el bienestar: Violencias de todo tipo; corrupción en todos los niveles públicos y en algunos sectores privados; riquezas del subsuelo en manos criminales -además, las sujetas a la reglamentación ambiental,  las técnicas adecuadas, las normas y la ley, son satanizadas por posiciones radicales absurdas pues no reconocen el equilibrio entre crecimiento económico, cuidado del medio ambiente y bienestar social-; apetitos burocráticos desaforados; ambición descontrolada, y caudillismos iniciados en venganzas particulares. Personalismos por encima de las  instituciones, desestabilizan la gobernabilidad.

Mientras el país amanece y anoche convulso, por cuenta de noticias que hablan de la grave pugna de poderes que azota a los débiles del ámbito social en distintas regiones de nuestra geografía, en Medellín prevalece la indiferencia generalizada frente a semejantes acontecimientos; aquí, en la capital antioqueña, EPM es “la joya de la corona que quieren robarse o ya se robaron”. Lo demás no nos toca. Para gobernantes y gobernados, bancadas de las corporaciones públicas del nivel nacional y territorial, dignatarios de todo tipo de juntas, poderosos, menesterosos, iletrados o instruidos, defienden sus puntos de vista con argumentos de toda naturaleza, coincidentes o encontrados, nacidos en el conocimiento, la experiencia, la total falta de ésta, los serios análisis, o producto de la confusión que no pocas veces generan los mismos medios de comunicación.

En ese escenario envolvente cautivan algunas voces, entre tanto otras son ignoradas; mientras las  redes sociales, entre mentiras y  certezas, ahogan lo esencial. En medio del caos llamado “opinión pública”, sobresale una voz autorizada, la voz de una concejal de Medellín que sabe de qué habla; es María Paulina Aguinaga, quien ha demostrado en los pocos años de su trayectoria política, criterio, carácter, inteligencia y mucho conocimiento en materia financiera. Da gusto oírla. Sus disertaciones con respecto al asunto  EPM, este es un  ente autónomo que sufre una crisis estructural desde tiempo atrás; considera que no se han tomado a tiempo correctivos necesarios, sostiene que se han hecho malas inversiones, enumera aspectos fundamentales en los que falta reglamentación; a la vez que señala negocios, decisiones y competencias inconvenientes, entre otros asuntos.

En cambio, para algunos EPM está a punto de quebrar, para otros divinamente bien manejada, para los más en muy difícil situación, y para no pocos, es evidente que por años sus decisiones han beneficiado a terceros, por encima de servir a los usuarios sujetos de su misión. Por su parte, la concejal Paulina Aguinaga pinta el presente y futuro de la entidad, siempre fundamentada en  la solvencia de sus conocimientos específicos, el seguimiento juicioso al Grupo EPM, y el resultado  serio de sus  análisis financieros y corporativos.

Con respecto a una Entidad de tal tamaño, apoyarse en especulaciones, conveniencias, o emociones de sesgo político, es intolerable.

 

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