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El poder del conocimiento

Por: Claudia Posada

No perdemos la esperanza de que alguna vez, en los países menos desarrollados, empiece por fin a dársele al saber el posicionamiento que merece para que las entidades públicas sean manejadas como muchas de las empresas privadas, y en consecuencia, no se despilfarre como ahora por las improvisaciones.

A la vuelta de algunos años, gracias a la revolución del conocimiento, el poder estará en manos de los más preparados; las nuevas tecnologías, que evolucionan con rapidez asombrosa, no van a permitir decisiones “políticas”, éstas, que de hecho son la causa de tantos males en la dirección de los entes gubernamentales, tendrán que pasar de moda con todo y los dirigentes obsoletos que hoy en países como el nuestro, se anquilosaron en el poder que les da el voto, el dinero, o las habilidades para engañar, y no pocas veces para aliarse con similares en sus astucias.

El poder hoy se concentra en unas cuantas familias, de la misma manera que en aquellos políticos que se siembran en los cargos públicos o en las corporaciones de la rama legislativa. Es difícil renovar curules como lo quisiera el pueblo colombiano, de ahí que la desconfianza en la clase política y la muy sabida escasa credibilidad en ella, haga que las elecciones para cargos de elección popular sean escuálidas en cuanto a la participación ciudadana.

El ”fenómeno” que sorprendió en la ultima jornada electoral, cuando para alcalde de la capital antioqueña se eligió a Daniel Quintero, no obedeció a nada distinto que a la esperanza de hacerlo mandatario por unas características que tuvieron reconocimiento y desde luego por sus promesas de campaña. Su discurso sonó convincente y su lenguaje muy distinto al común de los políticos. La constante en el mensaje comunicacional giró en torno a la independencia con la que obraría. Esto fue clave y de gran impacto; lo poco conocido como figura pública se asoció a “independencia” y ello le hizo ganar gran simpatía.

Entonces se acabó la etapa de campaña, llegó el momento de hacer los empalmes que corresponden a todo gobernante electo, así que con su equipo de colaboradores y en compañía de quienes posiblemente consideró interesantes por el conocimiento de las  competencias que caracterizan a cada dependencia municipal, procedió. Hasta aquí todo iba bien. Se dijo en ese entonces que de tales comisiones saldrían seguramente los nombres del gabinete a partir del 1° de enero de este 2020.  Obviamente lejos, lejísimos de pensar en lo que  enfrentaría el mundo, y que en Medellín, además de la emergencia sanitaria habría que lidiar con una muy preocupante crisis económica, más las violencias de todo índole que nos agobian de años atrás.

Al nombrar su gabinete, el alcalde Daniel Quintero Calle sufrió los consabidos rechazos que a él  como a todo mandatario nuevo, le caen desde sus contradictores, pero “batutió” este aspecto con argumentos que, empezando una administración, le fueron aparentemente aceptados. “El torero torea con su cuadrilla”. Pasados algunos meses empezaron los cambios y con ellos las oportunidades para criticarle, había razones válidas en algunos casos pero se sostuvo. Subió buenos puntos con el manejo de la pandemia y de las crisis que agudizó. Se llegó la hora de la renuncia de la Junta Directiva de EPM y todo lo que de ahí se desprende, pero de eso ya hay bastante escrito y hablado, y se seguirá hablando y escribiendo.

Volvamos entonces al poder del conocimiento. No es ningún secreto cómo llegan a los gabinetes los mismos con las mismas; es decir, desde los grupos políticos se dan los acercamientos y de estos salen los acuciosos colaboradores de campaña que luego aparecerán en la lista de nombres  para armar los equipos de trabajo;  luego empieza la lucha de aspiraciones para los cargos de primera línea. Y es aquí en donde por obra y gracia del poder económico, político o afectivo, se asignan los apetecidos nombramientos. ¿Malo? No, la burocracia no es mala en sí, es parte fundamental de los gobiernos. ¿Qué es lo malo entonces? Malísimo que los cargos se asignen sin el sano e ideal criterio del conocimiento.

Seamos concretos. Al alcalde Quintero Calle se la ha criticado el movimiento prematuro de nombres en distintas dependencias de la administración municipal, a la vez que algunos nombramientos. El caso más reciente es el de la Directora del Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres – DAGRD, Alethia Arango Gil; ella es especialista en Derecho Administrativo de la Universidad de Medellín y en Servicios Públicos Domiciliarios de la Universidad Externado de Colombia. Además, candidata a Magíster en Gestión de Proyectos de la Universidad de Viña del Mar (Chile). Una mujer preparada sin duda alguna, pero como lo señalan varios medios y analistas en sus denuncias, no es la persona idónea para ese cargo.  Este es apenas un ejemplo, aunque parece que en todos los entes territoriales hay montones.

Vamos con otro ejemplo de la Administración Municipal de Medellín. Se trata precisamente de un cargo en el que se dice, y estamos de acuerdo, que estaría divinamente bien ubicada la abogada Arango Gil: La Secretaría de Gestión y Control Territorial. ¿Por qué? Porque es “una dependencia del nivel central que tendrá como función ejercer la gestión y el control territorial,  identificar física, jurídica y económicamente los bienes inmuebles públicos y privados; garantizar la prestación de los servicios públicos domiciliarios y no domiciliarios y ejercer el control urbanístico, mediante el seguimiento y monitoreo al  modelo de ocupación del territorio definido en el Plan de Ordenamiento Territorial”. Y todavía mejor si estuviera al frente  de esta –que es una relativa dependencia nueva- un arquitecto, un ingeniero civil, un planificador territorial, pero los estudios y experiencia de la doctora Alethia la facultan perfectamente para tal responsabilidad.

“Su trayectoria supera los diez años de experiencia profesional en las áreas del derecho civil, administrativo, contratación estatal y de los servicios públicos domiciliarios. Ha trabajado con entidades gubernamentales y privadas en todo lo concerniente al régimen de la contratación estatal nacional e internacional, análisis de riesgos, creación y terminación de contratos, estudios de títulos de bienes inmuebles, legalización de predios, representación en instancias judiciales y extrajudiciales”.

¿Quién ocupa la Secretaría de Gestión y Control Territorial? Un médico de importante  trayectoria pública y gran experiencia, se trata del doctor Carlos Mario Montoya. En algún momento sonó para gerenciar a Savia Salud y esa posibilidad fue muy bien vista. Parece que no era muy del agrado del médico Montoya ponerse al frente de la institución que enfrenta complicados problemas; en tal sentido fue una buena determinación no aceptar un cargo en el que él no estuviera cómodo.

Algunas de las tareas señaladas para asumir en la Secretaría de Gestión y Control Territorial son: Dirigir y establecer políticas y planes sobre universalización de los servicios públicos domiciliarios y no domiciliarios y promover el uso y acceso a las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) en la jurisdicción del Municipio de Medellín. Dirigir la elaboración del plan de infraestructuras, expansión y dotación de servicios públicos domiciliarios y no domiciliarios con los diferentes operadores. Ejercer monitoreo y control urbanístico, con base en las  normas urbanísticas y las directrices establecidas en el Plan de Ordenamiento Territorial atendiendo las competencias legales y reglamentarias. Ejercer el control de las actividades de construcción y enajenación de inmuebles destinados a vivienda de conformidad con las normas vigentes. Estas funciones, entre otras, creeríamos que para una abogada con las especializaciones de la doctora Alethia Arango, impedirían los comentarios y denuncias por falta de idoneidad. ¿Y qué tal el doctor Carlos Mario Montoya dirigiendo el DAGRD?

Pero aceptémoslo, habrá mejores ciudades para sus habitantes cuando llegue el poder del conocimiento, por ahora sigamos lamentándonos de cómo prima el poder político.

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