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El Fusible

Por: Carlos Alberto Ospina M.

 “Llegó Modesto y acabo con esto”. Esta locución confirma el talente vanidoso, la conducta cínica y el abuso de autoridad de Daniel Quintero Calle, alcalde de Medellín. Es solapado, mañoso, egocéntrico y ambivalente en la forma de presentar las decisiones inconsultas; y adicto a imitar la figura del emperador ruso, Alejandro II, que ejercía por sí mismo el mando supremo. Aquel que se excede en el ejercicio del poder con base en triquiñuelas, ambages y disimulos merece el descrédito y el rechazo de la opinión pública, incluso, a riesgo de organizar acciones legales en su contra.

En mi columna del pasado 31 de julio de 2020, titulada “Quehacer de mentirosos”, registro que “En siete meses de incongruente mandato, Quintero Calle, ha mentido con toda la boca en igual de ocasiones, y el solo hecho de traicionar, lo pone contra la pared el primero de enero de 2021.” (SIC) Dos semanas después, la agenda oculta y las disposiciones ramplonas, lo ponen en una situación difícil al provocar la renuncia de las Juntas Directivas de EPM y Ruta N. Sin atender a ninguna consideración ni limitación jurídica, Daniel Quintero, desconoció los estatutos de ambas organizaciones y lanzó a la calle los principios esenciales del gobierno corporativo. Cuando la arrogancia va cogida de la mano del engaño no hay lugar a la rectitud.

El mandatario local olvidó que representa al 11,8% del total de habitantes de la capital antioqueña y que, tan solo, creyeron en su falsario discurso 304.034 votantes. No sé de dónde viene la actitud desafiante y envalentonada de Quintero a partir de ese exiguo privilegio favorable. Él no es un “fenómeno político” como lo quieren presentar los simpatizantes y algunos periodistas lambones. La elección de “El de Petro” es consecuencia de la insolencia de Federico Andrés Gutiérrez Zuluaga que, dividió al electorado, en el afán de tantear su imagen positiva con miras a las próximas elecciones presidenciales.

Hoy, Fico, cuenta lo suyo y lo ajeno; con más énfasis en las pifias de Quintero Calle. No siendo santo de mi devoción en la medida que también incumplió muchas promesas e hizo un altar a su excesiva autoestima, Federico Gutiérrez, sí puede hablar con más propiedad sobre Medellín. Por el contrario, el supuesto desaventajado y mitómano, Daniel Quintero, no pasa de ser un fusible perecedero y un promiscuo político que nunca ha encontrado identidad ideológica, porque baila al son que le tocan o más se ajusta a sus destempladas pretensiones. El bruto no es él, sino aquellos que le copian la carga de verborrea.

Una persona que carece de escrúpulos no puede izar la bandera, dizque, de “recuperar lo público para la ciudadanía”. Falso de pe a pa. “El que falsifique documento público que pueda servir de prueba, incurrirá en prisión de cuarenta y ocho (48) a ciento ocho (108) meses.

Si la conducta fuere realizada por un servidor público en ejercicio de sus funciones, la pena será de sesenta y cuatro (64) a ciento cuarenta y cuatro (144) meses e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas de ochenta (80) a ciento ochenta (180) meses” (Código Penal, artículo 287. Falsedad material en documento público). El funcionario, Daniel Quintero, incurrió en éste delito al momento de garantizar que la Junta Directiva de EPM conocía el proyecto de acuerdo para modificar el objeto social. En la carta de renuncia del órgano colegiado quedó explícito que no fue así y que, tampoco, estaban al corriente de la conciliación extrajudicial o requisito de procedibilidad interpuesto a los consorcios constructores de Hidroituango. El efecto del impropio proceder se apreció en la baja de la calificación de riesgo de inversión, la credibilidad, la solidez y la reputación. Alguien deberá responder por la lesión del patrimonio público representada en deterioro de la imagen, los daños y los perjuicios ocasionados a Empresas Públicas de Medellín.

La táctica obstruccionista implementada por el gobernante municipal para cambiar la conformación de las juntas directivas de EPM y RUTA N consistió en realizar gestiones y remover cargos sin consulta previa a las partes interesadas. Si buscaba el voto de reata; es decir, sin conocimiento ni reflexión, tenía que lograr el gesto cómplice de otros ratoneros, porque ahí está el queso de EPM y el municipio de Medellín. La joya de la corona en manos de un vasallo remilgado.

Muy activos en redes sociales y socarrones en frente de lo gubernativo, varios defensores de oficio y bodegas pagadas replican el discurso de odio del alcalde Quintero en oposición al Grupo Empresarial Antioqueño, GEA. Por supuesto que el conglomerado rastrea oportunidades de negocios lucrativos, aumenta su participación en la generación de energía y acumula riqueza. ¿Qué hay de malo en ello? La duda reside en el ejercicio del sector financiero y bancario debido a que aplican tasas de interés al nivel de usura, lo que significa un abuso de la posición dominante.

En los momentos más aciagos que padeció el departamento de Antioquia durante la guerra de Pablo Escobar con el Estado colombiano, el otrora Sindicato Antioqueño, hoy GEA, dio el paso adelante y supo defender la institucionalidad; no obstante, el devaneo de ciertos hijos de familia cercanos al narcotráfico. En esta época de pandemia y aislamiento obligatorio, el grupo empresarial, ha conservado la mayoría de empleos y pagado la totalidad del salario a los colaboradores inactivos. Diferentes sindicatos infiltrados por las Farc y movidos por el lenguaje retorcido de alias “Caca” o “el señor de la chuspa”, intentan generar caos e insatisfacción general de acuerdo con el libreto de Foro de Sao Pablo y la lucha de clases. Sí existe una conspiración para destruir el Estado de derecho y la democracia. Y Medellín hace parte de los objetivos de la extrema izquierda. El alcalde, Daniel Quintero Calle, sabe a ciencia cierta que es así. ¡Sin lugar a dudas son sus deseos y apetitos!

Enfoque crítico – pie de página. A diferencia de los remilgados e hipócritas palaciegos, muchos de ellos en medios de comunicación, llegó el momento de ser políticamente incorrectos. ¡Echar el alma por el país y la ciudad!

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