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Cuidar lo nuestro!

Por: Federico Gutiérrez Zuluaga*

La historia reciente de nuestro país y de nuestra ciudad no ha sido fácil. Ha estado marcada por una violencia que nos ha dejado incontables heridas. Durante las décadas de los 80 y los 90 se tergiversaron los valores: la discreción se convirtió en opulencia; el trabajo duro, honrado y honesto se convirtió en dinero fácil; y, lo peor de todo, se le quitó el valor a la vida y en su lugar se le puso un precio a cada vida.

Esa era nuestra Medellín, la ciudad más violenta del mundo en 1991. Parecía que estábamos condenados al fracaso colectivo. Pero en nuestra historia, contra todo pronóstico, hubo una luz de esperanza. Una sociedad golpeada y asustada, luego de haber tocado fondo, se juntó y tomó la decisión de salir adelante. Se creó una alianza entre el sector público, sector privado, universidades y sociedad civil, con el firme propósito de construir. En muchos escenarios le llaman a esto el “milagro Medellín”. Yo prefiero hablar de un “modelo Medellín”, en el cual a partir de la diferencia hemos logrado progresar, crecer e ir superando los obstáculos que se presentan, transformándolos en oportunidades.

Alrededor de todo esto ha existido un pacto de trabajo y protección de la institucionalidad que abrazó a la ciudad y a sus diferentes organismos. Ejemplo de ello es nuestra EPM. Una empresa 100% pública que ha sido modelo en el mundo por la calidad en la prestación de los servicios públicos y cuyas ganancias se reinvierten especialmente en las comunidades más vulnerables. EPM transfiere alrededor del 55% de sus utilidades al municipio de Medellín, lo cual se ha convertido en un factor de desarrollo determinante, que ha permitido mejorar las condiciones de vida de miles y miles de familias. Por supuesto, todavía tenemos un largo camino que recorrer en la lucha contra la pobreza y desigualdad que nos agobian; justamente por eso debemos cuidar las herramientas que hemos forjado para seguir avanzando.

Y cómo no hablar de otra entidad también pública que, siendo más joven, ya se ha ganado un espacio en el corazón de la gente y se ha convertido en un elemento fundamental para el desarrollo de Medellín, Colombia y la región: Ruta N. En su función de articular los recursos y estrategias en innovación, ciencia y tecnología en la ciudad, ha tenido impactos económicos y sociales muy significativos. En 2014 la ciudad invertía el 0,7% del PIB en actividades relacionadas con innovación, ciencia y tecnología; a finales de 2019 la inversión en estas áreas ya era de 2,6% del PIB. Todo esto ha consolidado a Medellín y Colombia como la sede de la Cuarta Revolución Industrial para América Latina, en asocio con el World Economic Forum.

El éxito del modelo Medellín es que no hay un protagonista. La protagonista es la ciudad, y ha habido siempre, un equipo que trabaja por ella. Es ese equipo – esa alianza entre todos los sectores – el que se está poniendo en riesgo con la excusa de una “nueva era”. El camino ha sido duro, arduo; llevamos generaciones trabajando en reconstruir una ciudad que antes ya había estado en ruinas. El costo que tiene debilitar las instituciones es mucho más alto de lo que la mayoría piensa y dimensiona. Y es ese mismo equipo el único que puede hacerle frente a esta crisis. Nadie, por sí solo, puede frenar el proyecto que está en marcha en contra de las instituciones y de Medellín. Sociedad civil, sectores público, académico y privado, tenemos que estar al frente, luchando por defender y cuidar lo nuestro.

*Ex Alcalde de Medellín

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