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Conversemos

Por: Roberto Rave Ríos

Estos días, son días de una gran incertidumbre en Colombia. El odio se ha tomado las redes sociales, las arengas, los gritos silenciosos de la plataforma de Twitter, las discusiones familiares, las celebraciones por sucesos de la vida política, como si se tratara de un partido de fútbol, se han sumado al ambiente de zozobra llegado a nuestra tierra por el coronavirus.

Muchas son las conversaciones que debemos tener en Colombia, pero la primera es la referente al odio y la violencia que no distingue estrato social. “fascistas, asesinos, mamertos, vendidos, corruptos” y un sin número de calificativos que han traspasado el nivel de discusión política para llegar a nuestro grupo de amigos, a nuestra casa. Esta circunstancia se suma al imaginario de poner a las personas dentro de un grupo que parece robar el criterio y esconderlo detrás de las cloacas de la comodidad y la grosería. Ya no somos nosotros, sino que somos los de derecha, de izquierda o de una u otra corriente. Y parece que esto nos quitará humanidad para establecer conversaciones y ver al otro con compasión o por lo menos con mas entendimiento. Aveces siento que ni siquiera nos entendemos a nosotros mismos. La comodidad de no pensar y de hacer parte de un grupo, nos convirtió en cómplices del odio así hagamos silencio. Al respecto mencionaba Augusto Curry que “ Lo ideal sería que la educación llevara a cabo la más pacifista y sólida revolución social formando pensadores, y no repetidores de ideas. Tal vez así dejemos de ser coleccionistas de lágrimas y nos transformemos en coleccionistas de esperanzas”.

Espectacularmente expone Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis en su texto “Ceguera Moral” que “La política Clásica, siempre se asociaba al poder convertir problemas privados en cuestiones publicas, así como el poder de interiorizar cuestiones públicas y transportarlas en asuntos privados, incluso existenciales. Hoy este mecanismo esta desfasado. Lo que nosotros en nuestra política moderna tratamos como cuestiones públicas son problemas privados de figuras públicas”.

Debemos hacer un acuerdo sobre lo fundamental como bien decía Álvaro Gómez Hurtado y en lo fundamental están las formas bajo las cuales se discute pero están también principios como los de la libertad económica y la trascedencia de la iniciativa privada. Los referentes de nuestro país deben ser aquellos que con su esfuerzo han logrado generar riqueza y bienestar para los Colombianos y que ademas han fracturado la frontera humana y obsoleta entre el empleado y el jefe o el rico y el pobre.

Trascendental resulta también el respeto a la institucionalidad y la búsqueda de la verdad. Esta consigna debe ser liderada por los referentes, respetando por ejemplo el buen gobierno de las empresas públicas que son de la ciudadanía y no del tamaño de un mandatario. Esto sin olvidar que la institucionalidad también esta en las formas humanas, en el respeto por el otro y en la búsqueda del progreso y la verdad. La división ocasionada por algunos mandatarios de las ciudades Colombianas que apelan al lenguaje usado por Marx en los años 1800, parecen ser parte de una estrategia que no ha traído progreso ni desarrollo a ningún país del mundo. En el caso puntual de la ciudad de Medellín, debemos recordar que la unión público-privada ha sido la causa primera del gran desarrollo de esta ciudad.

Colombia debe avanzar sobre lo básico, incentivar el esfuerzo, el mérito y el talento de los ciudadanos por medio de la iniciativa privada, esto sin dejar atrás la educación del criterio que no esta en manos de Fecode sino de los padre de Familia, de los amigos, de los hermanos. Ahora si, conversemos, pero con respeto por el otro para construir la patria que nos soñamos.

Post Scriptum: Importante que en medio de la difícil circunstancia que atraviesa Medellín, se plantee una veeduría y un capítulo entero sobre transparencia por parte de “Medellín como vamos” para proteger la gran empresa de los ciudadanos de Medellín: EPM.

rraverios@gmail.com

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