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Con aroma de mujer

Por: Crl. (r) Óscar Ricardo Colorado Brriga

La gesta libertadora, en Colombia y toda América, jamás careció de la participación activa, heroica y sacrificada de la mujer, su tesón y compromiso, marcaron inolvidables páginas de la historia, que ayer nos construyó como nación y hoy nos mantiene como república.

Gracias a este antecedente trascendental y a la necesidad de mejorar el servicio dentro de las filas castrenses el Ejército Nacional, convoca a 84 jovencitas el 1 de julio de 1.983, para que hagan parte de la primera promoción de Suboficiales Femeninas de la Fuerza, señoritas que tuvieron que pasar por un riguroso sistema de selección, presentando exámenes de cultura general, pruebas de capacidad física, conocimientos técnicos, exámenes médicos y un exigente examen psicológico.

En aquel entonces Esmirey Correa Monroy, jovencita natural de Bogotá, bachiller del Colegio Nuestra Señora de Fátima, estudiante de la Universidad Cooperativa de Colombia, la mayor de dos hermanos,  hija de la Sra. María Beatriz Monroy (q.e.p.d.) y el Sr. Anarcasis Correa Cristancho (q.e.p.d.) miembro de la Policía Nacional por más de 30 años, con vena para la milicia, hizo su sueño realidad al asistir a la convocatoria hecha por el Batallón Guardia Presidencial, gracias al aviso dado por su querida tía, contadora en dicha unidad.

Cuenta Esmirey, que jamás olvidará su primer día en la vida militar, cuando sus queridos padres la entregaron en la guardia del Batallón Baraya, en medio de sollozos y bendiciones. Ahí se encontró por primera vez con sus compañeras de viaje, en esta larga aventura, todas expectantes y esmeradamente arregladas, seguras de conmover a sus recios instructores, quienes sin pausa y mayor consideración iniciaron el fatigante entrenamiento en la carrera de las Armas y las Ciencias Militares.

Atrás quedaron los tacones, aretes, anillos, labiales, ropa de moda y piropos, a partir de ese día, sentarse, levantarse, carrera mar, sería su credo diario; les enseñaron que todo se puede hacer rápido y bien hecho, la palabra imposible no existe, su mejor amiga la conocería por lanza,  las onces ahora se llaman refrigerio, un catre es una cama, bien presentada no es maquillada sino atalajada, para hablar ahora debía pedir permiso,  el “mi” reemplazaba señor, llegar tarde es “joche”, el volteo es un excelente entrenamiento, levantarse se llama diana y que la oración patria, se rezaba a la par del padre nuestro.

Recuerda con cariño al TE. Papa, al SS. Díaz, al CP. Pinto y con especial admiración a su primer Comandante el Teniente Bernal, sin dejar de nombrar a quien fue el ejemplo de todas ellas, la Capitán Blanca Kenny Aristizábal; se siente orgullosa de haber pertenecido a este curso y cuenta con admiración que solo una compañera no pudo graduarse y 56 de ellas, hoy ostentan el grado de Sargento Primero, olvidando decir que fue ella quien ocupó el primer puesto y a lo largo de su carrera se negó a cederlo.

Gracias a su excelente desempeño, laboró en el Departamento E-1 Sección Suboficiales, fue Auxiliar Contable en la BR13, estuvo en la Sexta Brigada y culminó su brillante carrera en la ayudantía del Comando del Ejército, cuenta sin recato que le agradece a la Institución la oportunidad de mejorar sus conocimientos, participando en seminarios, cursos y diplomados en contabilidad, neurolingüística, superación personal, control interno, entre otros, sin olvidar su sudoroso paso por el fuerte militar de Tolemaida y como dice ella, tener el privilegio de acampar en Chelenchele.

Esta admirable Suboficial, pese a que su labor dentro de la institución era de carácter administrativo, no fue ajena a la sevicia terrorista, ya que de manera ruin y miserable el día 30 de julio de 1.986, sufrió un atentado  mientras esperaba el trasporte que la llevaría al Comando del Ejército, recibiendo en su humanidad 4 impactos de bala, propinados por guerrilleros del M-19, en lo que llamaron el plan pistola, solo su deseo de vivir y acertado entrenamiento, la salvaron de la muerte a manos de insensatos y cobardes asesinos, episodio triste en su viva que no ahogo su espíritu militar y por el contrario la hizo más fuerte, humilde y mejor Soldado.

Esmirey, con la satisfacción del deber cumplido, se retira del Ejercito el 04 de agosto de 2003 y emprende, según ella, su segunda misión en la vida, criar a sus dos amados hijos y relata con alegría que tuvo el privilegio de trabajar cuatro años en el Colegio Militar Inocencio Chincá, siendo Instructora Militar y Coordinadora de disciplina, reconoce que aun hoy día realiza la diana en 15 minutos y adopta la posición de firmes al escuchar el himno nacional y no puede realizar su labor actual de comisionista de créditos, si no está bien atalajada, a ella y a todas las mujeres de la fuerza pública, un reconocimiento de admiración y respeto, por su labor y entrega y como dice Esmirey un gracias por romper con su presencia, la rigidez de la orden y el ejemplo de nunca desfallecer.

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