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Colombia: Es hora de pasar a la ofensiva

Por: Eduardo Mackenzie

La súbita auto exclusión de Roy Barreras y Armando Benedetti del Partido de la U, porque esa formación dejó de servirle a las FARC (porque “no ayuda a la paz”, dicen ellos) confirma que la crisis interna del campo progresista se ha ampliado y ya es inocultable.

Fue vencida y muy bien vencida la célula mamerta de la Cámara de Representantes este 13 de octubre. La moción de censura con la que quería golpear al ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillo fue rechazada, tras enérgica deliberación, de manera contundente: 136 representantes votaron contra esa sanción y 7 otros votaron en blanco, mientras que los extremistas, que la víspera estaban felices porque iban a lograr la destitución del ministro, solo lograron arrastrar 24 votos.

Ese escrutinio deja, por lo menos, tres lecciones: 1.- prueba que cuando el Centro Democrático pacta alianzas claras y precisas con el Partido Conservador, con los cristianos, con la mayoría del Partido de la U y con Cambio Radical, las facciones más tóxicas pueden ser derrotadas y puestas en su lugar. 2.- Esa votación hizo evidente el notable desgaste del grupo integrado por Ángela María Robledo, Inti Asprilla y María José Pizarro, que con enormes ínfulas, cree poder mangonear esa Cámara para golpear el sistema político vigente; 3.- Mostró además que el grupo comunista que dirige Iván Cepeda en el Senado, guiado por los falsos “parlamentarios” de la fracción fariana que dirige Timochenko y por el senador Roy Barreras, disimula un deterioro similar de toda esa familia política como resultado de sus nefastas actitudes ante las calamidades que sufre el país.

Hay otras consideraciones que también vale la pena plantear. El triunfo de esa coalición puntual podría servir de antecedente a nuevas acciones políticas, más estables y de largo alcance, entre esas fuerzas y las que quieran sumarse para estructurar acciones destinadas a poner fin a la brutal ola subversiva que golpea a Colombia.

Las marchas desafiantes bajo disfraz indigenista, las masacres intempestivas cometidas por el narco-terrorismo sobre todo en el sur del país, la programación de “manifestaciones pacíficas” infiltradas por grupos armados para aterrorizar la opinión y golpear a la fuerza pública, la demagogia reinante que pide desarmar a la Policía y disolver el Esmad, los cínicos montajes judiciales contra el expresidente Uribe y su detención durante dos meses, la desvergüenza de la JEP, el abuso y deformación de las sesiones parlamentarias de “control político”, la hostilidad contra el nuevo director del Centro de Memoria Histórica, y los golpes judiciales contra periodistas, lanzadores de alerta, columnistas y activistas en redes sociales, bajo el pretexto de que desnudan a los jefes de la subversión, hacen parte de un solo esfuerzo narco-comunista: suprimir los líderes del uribismo, destruir los equilibrios del país y dislocar los alineamientos patrióticos durante el proceso electoral decisivo de 2022. Pero ese barco se les está hundiendo.

La súbita auto exclusión de Roy Barreras y Armando Benedetti del Partido de la U, porque esa formación dejó de servirle a las FARC (porque “no ayuda a la paz”, dicen ellos) confirma que la crisis interna del campo progresista se ha ampliado y ya es inocultable.

La persecución montada por ese sector contra el ministro de Defensa no está vencida del todo, pero el próximo 22 de octubre la votación en el Senado, durante otra sesión de control político, podría ser favorable al ministro. Los senadores Iván Cepeda y Antonio Sanguino se oponen a que asesores militares americanos vengan a ayudar a Colombia en la lucha contra el tráfico de drogas. Al desfigurar la misión americana los dos jefes comunistas han llamado la atención de las autoridades de Estados Unidos. Además, Iván Cepeda podría ser investigado en ese país por sus obscuras andanzas en cárceles federales para fabricar falsos testimonios contra el ex presidente Uribe. Su irritación no es solo por la puesta en libertad del expresidente Uribe y la derrota mamerta en la Cámara. ¿El no ve que todo esto es el comienzo del fin de su cuestionada carrera política? Para el CD y los partidos del arco democrático es hora de pasar a la ofensiva y marchar en firme alianza para librar al país de sus peores amenazas.

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