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Amarnos como perros y gatos

Por: Claudia Posada

Creemos que fue la señora Diana Osorio, Gestora Social de Medellín -ella es la esposa del alcalde Daniel Quintero, pero se hizo cambiar el título de Primera Dama de la Ciudad- a quien le debemos los buenos oficios en favor de los animales. No sería extraño que haya influido en buena parte para que en la línea estratégica “Ecociudad”, concebida dentro del Programa de Gobierno Medellín Futuro, se diera cabida a la recién creada Subsecretaría de Protección y Bienestar Animal.

Coincidencialmente nace esta dependencia municipal, justo en momentos de confinamiento humano, cuando algunas especies por siempre arrinconadas por el desarrollo urbanístico, sintieron que su hábitat no estaba constantemente amenazado como es lo usual para la fauna silvestre y entonces lentamente salieron a husmear en ese raro entorno en donde los seres de dos piernas no estaban por ahí listos para acorralarlos; pero tanta dicha no era verdad, apenas un sofisma de distracción ¡lástima!

Mientras tanto, en esta misma época, centenares de seres sintientes, aquellos de cuatro patas que perdieron el sitio cálido que alguna vez les dio cobijo, fueron expulsados de los hogares que fueron su fantástico albergue.  Los llamaban por el nombre propio y se creían de la familia porque muchas veces les demostraron cariño; había, inclusive, un divertido amor entre perrunos y gatunos, y aunque también los regañaban, en todo caso era mejor un llamado de atención que correr por las calles huyendo de quienes les tiraban palos y piedras, esos infelices seres humanos que no comprenden la mirada de un animalito con hambre. Algunos “amos” (de los buenos) todavía lloran por sus mascotas ahora solitarias, no pudieron alimentarlas, y aunque sus caras tristes los conmovían, las abandonaron; otros, encontraron en el virus la disculpa para tirar a la calle a sus animales de compañía, criaturas agradecidas que aman en silencio.

Pero la sensibilidad humana todavía existe y entró a la Administración Municipal en forma de Subsecretaría de Protección y Bienestar Animal, adscrita a la Secretaría del Medio Ambiente.  A partir de su creación esta dependencia unificará los procesos que se ocupan del cuidado integral de la fauna doméstica y silvestre de Medellín.

Quizá no hay otro lugar en Colombia -ojalá nos equivoquemos y haya muchos similares o mejores- como el Centro de Bienestar Animal La Perla, al Occidente de la ciudad en la parte alta de Belén; allí cuidan a centenares de caninos y felinos que recogen de las calles en malas condiciones por el maltrato, o por atropellos viales; aquí los curan, los cuidan y los ponen al día con sus vacunas para esperar que sean adoptados. El proceso que siguen los posibles adoptantes es riguroso, profesionales al servicio de ese bellísimo lugar, estudian las condiciones socioeconómicas que les permitan tenerlos con su alimentación, afecto, y los cuidados de su salud. Es inimaginable lo fácil que es hacer feliz a nuestra mascota y la alegría que trae a la familia que acoge a estos animalitos.

¿Recuerdan cuando íbamos al zoológico y se nos estrujaba el corazón viendo a los felinos encerrados en seis u ocho metros rugiendo su dolor de encierro? Tal vez ahora, con el encierro obligatorio culpa de la pandemia, entendamos un poco a los animales que fueron confinados lejos de su hábitat, y entonces tendremos la oportunidad de regocijarnos con ellos en el Parque de la Conservación -antes Zoológico Santafé- en donde esperamos que se haga realidad la promesa de dar espacios más generosos a las especies que lo necesitan. Con el Centro de Bienestar Animal La Perla, se apoyará la gestión de la nueva Subsecretaría, y creemos que sí su trabajo lleva a las nuevas generaciones actividades de sensibilización que toquen las emociones que saltan con la mirada tierna de un canino o la salvaje belleza de un felino, la misión estará cumplida y nos amaremos como perros y gatos.
 

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