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Abusos alarmantes

Por: Claudia Posada

En la memoria de los colombianos, muy posiblemente, los detalles de la muerte de Dilan Cruz, ya se borraron. Así somos. “El 23 de noviembre de 2019, un miembro del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) disparó una munición conocida como “bean bag” contra Dilan Cruz, un manifestante de 17 años, en el centro de Bogotá. Cruz fue trasladado a un hospital y falleció dos días después”. Tal vez sí recordarnos, en cambio, el debate que, como tantos otros en Colombia, dividió radicalmente las posiciones sobre el ESMAD, este asunto también terminó en tablas. Vivimos de escándalo en escándalo así que el reciente  borra todos los anteriores.

Un informe basado en  investigaciones de Human Rights Watch (Organización que defiende en todo el mundo los derechos de las personas) divulgó en marzo  de este año, desde Nueva York, aspectos concernientes a los abusos policiales en Colombia, artículo  que dice lo siguiente en su párrafo de entrada: “Agentes de la Policía Nacional de Colombia cometieron a fines de 2019 múltiples abusos en contra de manifestantes mayormente pacíficos que participaron en protestas a nivel nacional, señaló hoy Human Rights Watch. Los avances en las investigaciones contra estos funcionarios han sido muy limitados”. Y más adelante señalan: “Si bien en general las protestas se desarrollaron de manera pacífica, algunos manifestantes cometieron actos de violencia, incluyendo agresiones con piedras a policías, saqueos y quema de bienes públicos y privados, sobre todo en Bogotá y Cali. En varios casos, la policía empleó la fuerza de manera excesiva contra los manifestantes, incluidos casos de golpizas y uso indebido de armas “menos letales” durante operaciones antidisturbios”.

Lo sucedido esta semana, creemos, es de las peores acciones de tortura iniciada por miembros de la policía en vía pública, infamia contra Javier Ordoñez que tuvo su triste desenlace  en otro lugar; encerrados víctima,  victimarios y un testigo que en todo caso no tuvo posibilidad de grabar video pero que no pudieron dejar retenido.  Los ciudadanos encolerizados estallaron en revueltas, y claro, los enfundados en trapos que les ocultan los rostros, cometieron los consabidos  actos vandálicos; pero de nuevo, los que acuden a ese tipo de movilizaciones amparados en el derecho a la protesta pacífica, sin la intención perversa de hacer daños, es a los que peor les va.  Se nos estrujan en la memoria los memes, opiniones y comentarios de los radicales de siempre que parecen con el cerebro cuadriculado, cortados con la misma tijera apenas atinan a decir las mismas sandeces: “El expresidente Santos está detrás …” “Petro incitó al desorden…” Y con frases similares nos despachan hasta el próximo disturbio. ¿Abusos tan alarmantes no ameritan profundizar un poco más?

“Hemos recibido denuncias y pruebas creíbles de graves abusos por parte de policías colombianos, incluyendo detenciones arbitrarias y golpizas brutales contra manifestantes pacíficos, personas detenidas y transeúntes”, señaló José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch. “Es clave que el presidente Duque envíe un mensaje claro de que el resguardo del orden público no autoriza a la fuerza pública a violar los derechos humanos y de que los abusos no serán tolerados”.  Así lo señaló en su informe de marzo  Human Rights Watch y así lo manifestó esta organización -independiente e internacional- en reuniones sostenidas con altos representantes del gobierno colombiano.

Entre noviembre de 2019 y febrero de 2020, Human Rights Watch entrevistó a 26 víctimas de abusos, familiares de víctimas, abogados de derechos humanos y funcionarios gubernamentales; corroboró videos difundidos en redes sociales; revisó informes médicos y denuncias penales; y solicitó información a la Fiscalía General de la Nación, el Ministerio de Defensa y la Procuraduría General de la Nación. En el mismo relato, Human Rights Watch documentó seis casos en los cuales policías golpearon de forma brutal a manifestantes y transeúntes, de manera tal que es muy difícil  contradecir esta  dolorosa realidad. Sin embargo, en boca de los radicales está una especie de consigna que culpabiliza al pueblo “terrorista” justificando los desmanes por parte de quienes nos deben proteger.

Obviamente la Policía es una institución que nos merece la mayor devoción y el acatamiento respetuoso a las diligencias que con autoridad y el mismo respeto, hagan en cumplimiento de sus deberes para con los ciudadanos,  revestidos de autoridad, sin abusos.  Es natural a la razón misional de la Institución defender a los ciudadanos –y a fe que un gran número de sus miembros lo hacen con honor y dignidad- por lo tanto se marcha precisamente cuando se quiere protestar legítimamente, esperando que los agentes del orden se presenten para controlar a los violentos infiltrados. ¿Que por qué no se hacen marchas en defensa de la Policía? Pues porque las movilizaciones ciudadanas son la manera de hacerse sentir masivamente con relación a un descontento. Los elogios se testimonian en homenajes.

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